Paraty Tech desembarca en la selva amazónica y demuestra que el vuelo sin motor (de reservas) incrementa la incertidumbre

El «Motivation Day» de este año llevó a Paraty Tech a la selva amazónica. Un arnés, una polea y un par de mosquetones inteligentes nos acompañaron durante dos intensas horas que solo confirmaron algo que ya sabíamos, y es que en Paraty Tech somos un pequeño «gran» equipo, en pleno proceso de expansión.

Un año más en Paraty Tech amanecimos un caluroso día de septiembre con la duda del que pasará.

Las experiencias anteriores nos decían que cualquier cosa era posible, y aunque en la oficina unas horas antes ya se oían rumores, lo cierto es que únicamente nuestro director de operaciones, David Madrigal, sabía exactamente qué es lo que iba a ocurrir.

Divididos en cuatro grupos, comenzamos a distribuir las camisetas que nos identificaban como miembros de «Paraty ni Agua», «Paraty sin Camiseta», «Paraty Team» y «Paraty All Stars», sin saber que en un breve espacio de tiempo iniciaríamos un vuelo sin motor pero con muchas reservas (léase incertidumbre, miedo o precaución).

Escalada, tirolinas y equilibrismos varios fue a lo que nos enfrentamos durante más de dos horas. Atrás quedaban los desarrollos web diseñados desde la absoluta seguridad que ofrece una silla o los comparadores de precios cuyo único riesgo es no tenerlos (por aquello de la fijación de precios atendiendo a la paridad).

No cabe duda, que todos, pusimos a prueba nuestro núcleo Accumbens, el encargado de transformar la voluntad en acción. Si bien la dopamina fue la auténtica protagonista, al fin y al cabo el miedo y el valor están determinados por la cantidad de esta sustancia neurotransmisora que hay en el cerebro.

Y aunque, efectivamente, la cantidad de dopamina es diferente en cada persona, en Paraty Tech todos dejamos bien claro que nuestra comunicación entre la amígdala cerebral y el cíngulo anterior es perfecta, y que la producción de dopamina es la justa y la necesaria.

Superamos todos los obstáculos, no bajamos la intensidad ni para seleccionar el nivel de dificultad de las diferentes pruebas, y a pesar de que al final habría un equipo ganador, la colaboración fue la máxima de la competición. De hecho, las palabras de ánimo y el «tú puedes», también se tiraron en tirolina, dando igual el color de la camiseta.

La cuestión es que después de salvar el mundo, motivo principal por el que tuvimos que encontrar a un Yeti culpable del fin de la humanidad, no sin antes reponer fuerzas en una estupenda comida para guerreros tecnológicos, buscadores de precios y  conquistadores de nuevos territorios, siempre hay un ganador y, como la experiencia es un grado, el equipo con más veteranos fue el que se alzó con el diploma final, a sabiendas de que hay que medir el riesgo antes de tomar decisiones importantes.