La «sinrazón» tecnológica

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Gina Matheis, CEO en Paraty Tech

Las nuevas tecnologías y sus múltiples utilidades hace ya tiempo que protagonizan muchas horas de nuestra rutina diaria.

Así, por ejemplo, los teléfonos móviles se han convertido, prácticamente, en ordenadores portátiles que nos acompañan las 24 h. del día, permitiéndonos interactuar de forma continua con nuestras redes sociales, correo electrónico o con nuestros amigos y familiares.

No cabe duda que esto que parece, a priori, un adelanto, puede convertirse en un problema, cuando el uso que realizamos de las mismas es abusivo o incluso compulsivo.

Pero más allá de estas apreciaciones iniciales, existe otra dimensión del uso de las nuevas tecnologías que responde a la «sinrazón de la tecnología», a la que hago referencia en el título de este artículo y sobre la que me gustaría detener.

Y es que son numerosas las ocasiones en que «el deseo de tener» no se corresponde en realidad con la «necesidad que tenemos que cubrir», o lo que es lo mismo, son muchas las ocasiones en las que adquirimos soluciones, herramientas o dispositivos electrónicos atendiendo a su marca, diseño o estilo de vida, sin tener en cuenta el uso que les vamos a dar, y sin pararnos a pensar hasta qué punto estamos comprando más «cantidad» de tecnología de la que vamos a utilizar. Es más, a veces, ni siquiera conocemos exactamente los servicios que nos ofrecen estas soluciones y dispositivos, infrautilizando nuestra compra.

La cuestión es que esta situación, en la que probablemente todos nos hemos visto envueltos en alguna ocasión como consumidores, es de aplicación directa en el mundo empresarial y, más concretamente, en el sector hotelero.

En los últimos años, los hoteleros hemos visto como las nuevas tecnologías se han ido posicionando hasta convertirse en un imprescindible de la gestión diaria de nuestros establecimientos. Sin embargo esto no quiere decir que debamos hacer acopio de todas las posibilidades tecnológicas que, hoy por hoy, nos ofrece el mercado y, mucho menos, apoyar nuestro criterio de elección en aquella solución tecnológica que nos ofrezca más utilidades de las que vayamos a usar.

La elección no siempre es fácil. Debemos encontrar aquella que de verdad nos ayude a conseguir los objetivos fijados y que, en la mayoría de los casos, responderán a una estrategia de comercialización profundamente marcada por la distribución online y la venta directa.

Por ello una de las claves se sitúa en la robustez de la herramienta, lo que nos lleva a destacar la importancia de que la empresa proveedora de la misma tenga desarrollos propios, mientras que otra de las claves se situaría en la capacidad de estas empresas especializadas en soluciones tecnológicas para ajustar el producto en función de las necesidades de nuestro establecimiento. Al fin y al cabo, no es lo mismo un hotel de 30 habitaciones, que un hotel de 120, que una cadena hotelera. De la misma manera que no es lo mismo un consumidor de 25 años, de 45 o de 70.

Por tanto y desde el punto de vista del hotelero, la pregunta debería ser ¿cuáles son los objetivos que quiero conseguir a través del uso de la tecnología?, para de forma inmediata plantearse ¿cuál es la herramienta que mejor se adapta a la consecución de dichos objetivos y que cubre las necesidades específicas de mi establecimiento?. Porque en este caso en concreto.