FITUR 2021: te quiero, no te quiero, te quiero, no te quiero…

La organización de FITUR, tras los pasos de los hoteles, flexibiliza su política de pagos e introduce interesantes novedades en sus políticas de cancelación, mientras su celebración sigue en vilo.

Estamos a mediados de septiembre. Cualquier otro año, nuestras bandejas de entrada ya echarían humo, incendiadas con los correos electrónicos de proveedores de lo más variados, ofreciéndonos sus bondades y servicios, a disfrutar durante la popular Feria Internacional de Turismo que tiene lugar, cada mes de enero, en IFEMA – Feria de Madrid. No pretendo faltar a la verdad, algo ha llegado, pero más bien poco. Incluso las comunicaciones propias de la organización se han visto sustancialmente reducidas, lo que podría interpretarse como un gesto de cautela ante la falta de garantías para que la edición de 2021 se celebre en las fechas estipuladas (del 20 al 24 de enero).

El caso es que, a estas alturas, estaríamos también recibiendo las primeras propuestas de diseño para nuestro stand, habríamos abonado, al menos, el 50% del total de los costes de nuestra participación como expositores, habríamos definido la alineación titular del equipo que hipotéticamente se desplazaría hasta la capital, así como los nuevos desarrollos y funcionalidades que presentaríamos, como siempre, in situ y en primicia, e incluso tendríamos reservados los vuelos y el hotel. Y es que del mismo modo que sabemos que FITUR, sin duda, nos quiere allí, para nosotros es una cita muy importante, casi ineludible, que preparamos siempre concienzudamente y con mucha antelación. Nos encanta asistir y exprimir al máximo nuestras agendas durante esos tres agotadores días. Sin embargo, a fecha de hoy, el único paso que hemos dado ha sido confirmar, de palabra, nuestra asistencia. Una declaración de intenciones que, al menos de momento, Ifema da por buena. Es de agradecer.

En tiempos de Coronavirus, dada su capacidad de alterarlo absolutamente todo de un día para otro, cualquier presagio se tacha de imprudente, cualquier momento se antoja precipitado, siempre parece pronto para hablar de lo que pueda suceder, no ya a finales de enero de 2021, sino la semana próxima. Y es que, si bien a lo largo de los últimos meses, la Covid-19 se ha convertido en sinónimo de tragedia, tristeza, miedo, drama, dolor, aislamiento o soledad, conceptos desgraciadamente vigentes todavía en multitud de puntos del globo (incluido este en el que vivimos), en la actualidad, superado lo peor de aquello que llamaron la primera ola de la pandemia, y mientras comenzamos a surfear tímidamente sobre esta a la que se refieren como la segunda, quizá el término que mejor encaje ahora en nuestro país sea el de incertidumbre. Cuanto antes asumamos que la Covid-19 no se trata de una ola, de dos, ni de tres, sino de un océano nuevo y hostil que ha llegado para quedarse, antes aprenderemos a nadar y a navegar en él. A convivir con él.

Resulta evidente que esta nueva edición de la feria será atípica en todos los sentidos, si es que finalmente, de hecho, es. Imposible ignorar que, desde que se suspendiera el Mobile World Congress de Barcelona, no ha tenido lugar ninguna feria internacional multitudinaria de carácter presencial. Además, que la organización del World Travel Market, por primera vez desde 1980, haya anunciado que la edición de este año será 100% virtual y que no habrá evento en vivo, tampoco es un buen augurio. Así todo, contra viento y marea, FITUR sigue adelante. El debate está servido.

FITUR, como si de un hotel se tratara, también hace revenue

Que sigan adelante no significa, en ningún caso, que sean ajenos al complicado contexto en el que se verán obligados a celebrar su feria por excelencia, en el supuesto de que finalmente se lo permitan. La comercialización y la convocatoria están siendo complicadas. También el establecimiento de protocolos que minimicen el riesgo de transmisión del virus y los planes de contingencia imprescindibles para afrontar y tratar la posible (¿probable?) aparición de casos positivos dentro de sus instalaciones. Pero ellos creen que es viable, confían en que FITUR se celebre, y son muchos los pasos que están dando para que los expositores se contagien (término delicado, lo sé) de su positivismo y optimismo. Los listo a continuación:

Flexibilización de la Política de Pagos

Gesto no oficial pero sí oficioso. Por estas fechas todos los expositores deberían haber realizado ya un primer pago, en concepto de reserva, y otro del 50% del total del coste de su participación. Me consta, de primera mano, que mientras el departamento de finanzas no diga “hasta aquí hemos llegado”, los comerciales y contratistas harán todo lo que esté en su mano para guardar la plaza y para aceptar el retraso de unos pagos que, debido a las reticencias de ciertos expositores y a la falta de solvencia de otros, de momento no llegarán. Planificar con confirmaciones verbales es como jugar con fuego, pero de algún modo, saben que, si finalmente hay feria, todos querrán (querremos) estar ahí.

Flexibilización de las Políticas de Cancelación

Sí, seguimos hablando de FITUR, no de un hotel. Este es, a mi entender, el punto más importante de todos, lo que vulgarmente se conoce como “echar toda la carne en el asador”, pues hay mucho en juego. En este sentido, plantean tres escenarios posibles:

  • La feria se cancela: Si FITUR se cancela, bien por decisión de la organización ante la falta de demanda, bien por imposición estatal, Ifema se compromete a realizar un reembolso del 100% al expositor. Nada de bonos para el futuro (esto llegará más tarde), una devolución en sentido literal y en unos plazos razonables. ¿No es esta suficiente garantía para los indecisos?
  • La feria no se cancela, pero tu país te impide volar: Si FITUR no se cancela, pero existe una restricción en los países de origen de los expositores que les impida desplazarse hasta Madrid, de nuevo Ifema se compromete a realizar un reembolso del 100% al expositor. El virus evoluciona de manera variable en los distintos continentes que conforman el mapa mundial, y esta medida sin duda tiene el foco puesto en América, Asia y África, donde la fuerza de la pandemia no ha remitido o donde el Coronavirus se hizo fuerte con cierto retraso con respecto a Europa. Si a estos factores añadimos el hecho de que estos continentes, por su propia idiosincrasia, manejan unos tiempos diferentes a los nuestros, esta medida puede tener mucho peso a la hora de atraer su interés.
  • La feria no se cancela, pero finalmente no puedes asistir: Si FITUR no se cancela, pero en el último momento decides no asistir, por causa mayor, Ifema se compromete a guardarte el saldo abonado hasta la siguiente edición. ¿Y qué se entiende por causa mayor? El abanico de opciones es amplio. Entre ellas, la falta de solvencia. En todo caso, conviene consultar el detalle de esta cláusula directamente con la organización.

Servicios Adicionales

Este año, Ifema contará con una cartera propia de empresas de diseño de stands. Muchos estaréis pensando “y a mi qué”. Pero lo cierto es que si te decantas por alguna de ellas, te beneficiarás, fundamentalmente, de dos ventajas:

  • IVA del 10%: A ti te facturará Ifema, lo que implica que la factura se emitirá con un IVA del 10% y no del 21%.
  • Cancelación hasta finales de diciembre: Ifema te ofrecerá la posibilidad de cancelar tu stand hasta bien avanzado el mes de diciembre (en torno al día 20), y este punto sí supone un matiz diferencial al que prestarle especial atención. Para esa fecha, prácticamente cualquier empresa externa, ajena a la organización de la feria, lo tendrá todo preparado para el montaje final. Y es sabido que ninguna de ellas se pondrá a adquirir materiales sin haber recibido, al menos, el 50% por adelantado. Si la feria finalmente se cancela, será muy difícil (por no decir imposible) pretender que dicha empresa te devuelva el dinero adelantado, cuando serán los primeros afectados por la cancelación y, probablemente, la sufran tanto o más que tú.

Medidas de seguridad y de prevención

Todo lo contemplado en este punto es, por decirlo de algún modo, lo esperado, cuestiones que seguramente ya damos por sentado, así que no me detendré demasiado y me limitaré a listar las medidas más relevantes:

  • Posibilidad de acceder al recinto solo con la entrada en tu dispositivo móvil y, en todo caso, previamente adquirida online
  • Uso de mascarilla obligatorio
  • Distancia de seguridad (gestión de colas, señalética, itinerarios, etc.)
  • Reducción de aforos
  • Política de no contacto
  • Medición de la temperatura
  • Protocolos de actuación en caso de detección de persona afectada
  • Staff con EPIs
  • Protocolos de limpieza y desinfección
  • Control de la calidad del aire

Conclusión: ¿son necesarios los eventos presenciales?

Qué relativa puede resultar la palabra necesario. Nada lo es y, al mismo tiempo, todo puede serlo. Lo que está claro es que la esencia, la fuerza, de determinados encuentros tradicionalmente presenciales está precisamente ahí, en el verse, en el ponerse cara, en la lectura e interpretación del lenguaje corporal, en las distancias cortas, en la calidez de la cercanía. En los “voy yo o vienes tú”, “en tu stand o en el mío” u “online no es lo mismo”. Esta última expresión, por cierto, muy recurrente, y no es de extrañar. Ciertamente, no es lo mismo, y por eso la organización tiene claro que o se respeta su formato presencial, o la próxima edición sencillamente no tendrá lugar.

El estado de alarma, el confinamiento, las restricciones de movilidad y la distancia social recomendada (impuesta, mejor dicho) han fomentado una verdadera explosión de lo virtual, por la que, a buen seguro, la tecnológica Zoom estará muy agradecida. Tanto es así, que en apenas medio año hemos terminado saturados. Mucho clic para registrarse y demasiado no show en última instancia, dejando a un lado contadas excepciones, por supuesto. Apuntarse a una iniciativa gratuita desde la silla del puesto de trabajo (o del salón) no acarrea ningún esfuerzo. Acordarse de la fecha y de la hora, y permanecer media jornada pegado a la pantalla, ya es otra cosa.

Lamentablemente, las políticas del terror tienen consecuencias. Hemos interiorizado el temor a contagiarnos, que no es lo mismo que asumir la necesidad de ser cautos y precavidos, porque el miedo nos impide. El mundo entero espera ansioso la llegada de una vacuna de la que, paradójicamente, muchos afirman no fiarse por la rapidez con la que se ha desarrollado y por la ausencia de un tiempo prudencial para conocer en profundidad sus posibles efectos adversos. No obstante, aferrándonos al “ya se vacunarán los que tienen que vacunarse”, seguimos identificando su comercialización como la solución a todos nuestros males. ¿Será realmente así? Lo mismo da, porque mientras no exista demanda, y en eso los gobiernos tienen y tendrán mucho que decir, los organizadores de eventos y ferias se verán obligados, igual que los hoteles, a cerrar un año en blanco.

En mi opinión, los eventos presenciales son tan necesarios como factibles. Si hemos sido capaces de mantener abierto el ocio nocturno durante el verano, y seguimos metiéndonos en vagones de metro o en aviones abarrotados, o reuniéndonos en un bar en el que los respaldos de las sillas de las distintas mesas, prácticamente se tocan los unos con los otros, creo que también deberíamos ser lo suficientemente adultos como para mantener una actitud coherente con la situación, máxime en un contexto que, más que nunca, se presupone estrictamente laboral.

Personalmente, apuesto por el FITUR de la productividad, del trabajo, de la responsabilidad, de la cautela, de las citas preagendadas, de la optimización de recursos, de las medidas de seguridad, de los equipos reducidos, de los accesos controlados. Un FITUR sin walkers, sin cócteles ni fiestas, sin barras libres, sin “postureo”, sin chuches en el mostrador (esto me duele en el alma, porque es una de nuestras señas de identidad).

Apuesto, sin duda, por un FITUR presencial, que sea recordado de por vida por las excepcionales circunstancias que acompañaron a su celebración, y por suponer una inyección de moral vital para el mermado tejido empresarial turístico, coincidiendo con el arranque de un nuevo año. Mala cosa si finalmente se cancela, como todo parece indicar.